Después de tres semanas sin coger las bicis, por fin nos ponemos rumbo a la mitica ciudad de Samarcanda, no sin soportar las quejas de nuestras articulaciones y nuestros músculos. Esperamos que ahora, con las visas en el bolsillo, no volvamos a detenernos tanto tiempo en una buena temporada.
El calor es asfixiante, y eso que estamos en mayo. Hasta las ruedas se nos quedan pegadas al asfalto. Decidimos poner rumbo a Samarcanda por Karshi, siguiendo los consejos de un ciclista aleman que nos asegura que hay muy poco trafico.
Ver la primera señal para Samarcanda supone un hito en nuestro peregrinar por Asia Central
Para no morir atxitxarrados madrugamos mucho y echamos la siesta en cualquier sombra que vemos. Aun asi, el termometro marca a la sombra, 39 grados
Creemos que cuando
l@s uzbek@s pierden los dientes de leche, los cambian por piezas de oro. Hay sonrisas que deslumbran.
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La curiosidad que siente la gente con nuestras bicis es algo universal. El de la izquierda no lleva un cubo de basura en la cabeza, es un sombrero que solo se lo hemos visto a el.
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Samarcanda no necesita introducciones. Es una de las ciudades mas antiguas de Asia y clave en el comercio entre oriente y occidente durante varios siglos. Despues inicio una decadencia que perdura hasta hoy, aunque gracias a los soviéticos, se restauraron a tiempo varias madrasas que se encuentran entre las más antiguas del mundo.
Para Cyclotherapy esta foto es la plasmacion de parte de un maravilloso sueño
El Registan es increiblemente bello, ya sea de madrugada, de dia, de noche, en verano o en invierno. En la Samarcanda medieval fue el centro comercial de la ciudad. En estas medrasas habia cientos de estudiantes